reyes_magos_unloquito

 

Cuando era pequeño me hicieron creer que la aventura de los reyes magos duraba solo un día. De grande comprendí que eso era mentira ya que no me daban los números ni siquiera tomando en cuenta los husos horarios. ¿Cómo hacían estos 3 fenómenos para estar en China y en América del Sur al mismo tiempo?

Solo me quedó descubrir la triste realidad, en China no creen en los Reyes.

Tiempo después, ya tenía unos siete años de edad. Me sucedió lo que tarde o temprano le sucede a todos los niños del mundo. Me desilusioné. Claro, había crecido con una imagen de los reyes, la de unos buenos tipos que llegaban y te dejaban unos regalos en los championes (nunca cedí a dejar los zapatos), y  lo único que  pedían a cambio por soportar el funesto olor a pata de esos championes que uno dejaba (siempre eran los más queridos, los mismos que te acompañaban todo el día y terminaban en cada partido de fútbol de la escuela, de la esquina con amigos y de repente en el pasillo del edificio en donde vivíamos), era un poco de pasto y agua (para los camellos). ¡¡¡Ojo!!! ¡¡¡LOS CAMELLOS!!! Seguro que los señores no tomaban agua o se armaban vaya a saber qué cosa con el pastito que uno cortaba amablemente pensando en los pobres animalitos cargados con bolsas de regalos, espadas láser, muñecas, pelotas de todos los tipos de deportes, computadoras, bicicletas, ¡¡BICICLEEEETAAASSS!!  ¿A quién alguna vez no le trajeron una bicicleta los reyes? Era el clásico regalo de ellos. Parecía que uno era tan nabo que pedía siempre la bicicleta. No importa…ya pasó.

La cuestión es que estos sujetos y ni hablar de los camellos que bajaban la cabeza a nivel del piso para tomar el agua y comer el pasto, seguían soportando año a año el olor a pata de cada par de championes de los pequeñitos. Recuerdo que un año decidí experimentar para saber cómo ellos evaluaban lo que era portarse bien. Suponía que una forma de saber si alguien cometía muchas travesuras era si tenía demasiado olor en los championes que dejaba. Entonces, a raíz de esto, el Rey Mago que correspondía (o en la clase alta los 3 Reyes), dejaba los regalos que se adcuaban a las necesidades del sujeto en cuestión: Yo.

Para esto conté con la complicidad de mi abuelo (un viejo absolutamente delirante) y durante la noche, luego de que todos se acostaran, él llegaría como todas las madrugadas (manejaba un taxi en esa época) y cambiaría los championes viejos y sudados por los nuevos que me había regalado “Papá Noel”.

A la mañana siguiente descubrí la triste realidad, aquello que no podía saber, lo más negro, nefasto y doloroso, el secreto más oscuro que mi familia pudo haber guardado durante años.

Todo porque los championes nunca fueron cambiados.

El viejo delirante, estaba desempleado.