Claro, parece que es ahora, llegó el momento de tomar las riendas y ser la voz de una generación. Es que el tiempo se va filtrando como el agua de lluvia en esos techos viejos de membranas asfalticas resquebrajadas, que aún resisten de pie en algunos barrios de montevideo. Pasa tan rápido, cuando mirás para atrás estabas ahí, escuchando lo que tenían para decir “los que saben”, hoy te levantas y  vas a algún lugar, donde intercambiar algo, silencios, espacios, miradas, y casi sin darte cuenta, sos vos el que habla y los demás quieren escuchar. Maravillosamente pasaste la línea de cal, te sacaste los cortos y los botines, estrenaste los pantalones largos y agarraste la tablita, sos vos el que da las indicaciones, sos vos el que lleva la voz cantante, ni se te ocurría un par de meses atrás, pero la vida giró y te puso ahí. ¿Te gustó que te pusiera ahí? No importa, es tu momento y no sabes cuánto va a durar. Muchas veces vas a desear estar del otro lado, claro, era todo mucho más sencillo, ¿la responsabilidad? de otros, ¿las culpas? de otros, ¿tus puteadas? ya conoces la respuesta. Pero claro, un día iba a pasar, soltar las amarras y largarse a defender lo que creíste posible, hacerse cargo y jugársela, perder todo y rearmarte. Sin querer te fuiste cavando tu propia fosa, esa que te permite asomar la cabeza y ver dónde van todos, lo bueno es que querías enterrarte, ¿no?.  Al menos eso nos hiciste creer, era tan complejo sobrevivir a un mundo donde todos eran iguales, donde todos eran zombies, donde todos…El problema no es ahora, el problema viene después, cómo vas a sobrellevar el momento en el que tu voz, ya no signifique nada para nadie, así como llega el momento, también se va. El agua siguió filtrando por los techos, penetró cada pequeño resquicio de material, avanzó, hasta que encontró por dónde salir, para finalmente mezclarse en ese proceso de humedades y pintura y así, llenar de hongos el techo de tu hogar.