Un loquito

Vivir como si fuera el último día

Categoría: Básquetbol

Joaquín C

Todas las noches llega antes del comienzo del partido con sus padres, abuelos o hermanos. A él no le importa quién lo lleve, solo quiere estar allí. 

 

Joaquín es un niño de 7 u 8 años, feliz, con ojos de soñador y expresión reflexiva en su rostro. Cada vez que hay partido, él necesita estar al lado de la cancha, observar, escuchar la charla técnica, aprender e incluso dar alguna recomendación a los jugadores del plantel. Entra a la cancha cada vez que un director técnico pide 1 minuto de tiempo para organizar su estrategia. Joaquín tiene su pelota y tira sin parar, elude a los otros niños, muestra lo que sabe hacer y está atento a cada rebote para tomarlo, correr, volver a eludir a sus rivales de turno y tirar una vez más. Sus lanzamientos son desde atrás de la línea de triple y siempre entran o al menos pegan en el aro, todos lo observan y comentan sobre su juego, él no lo sabe, pero por suerte, tampoco le interesa. 

 

Solo desea estar en la cancha, “la de los grandes” le escuché decir una vez, pisar la misma madera y convertir en el aro en el que sus ídolos lo hacen, sentarse detrás de ellos y saludarlos con un “choque los cinco” cuando los jueces llaman a los jugadores para reanudar el juego. 

 

Joaquín tiene una relación especial con los árbitros del básquetbol nacional. En una ocasión, corrió hacia uno de ellos, invadió la cancha y cuando el referee lo observaba con ojos de asombro y cuerpo paralizado ante semejante situación, nuestro héroe no dudo un instante y llevó a cabo el acto que todo ser humano anhela en algún momento de su vida, patear en los tobillos al maldito que tanto había perjudicado a su equipo. El referee no pudo más que sonreír y bajar la mirada para disimular la vergüenza, mientras el pequeño niño volvía corriendo al lado de su familia, la cancha llena de espectadores, tanto a favor, como en contra de la medida disciplinaria adoptada por el joven fanático del deporte, explotó en risas para olvidar cualquier otro problema anterior. 

 

Para Joaquín su equipo jamás jugó mal, si pierde Cordón, la culpa es de los jueces.

 

Alejandro Barrios

El loco

A lo Uruguayo, como en los tiempos de Obdulio, igual que en Colombes y Ámsterdam, casi igual al partido de Uruguay ante Ghana en el mundial de Sudáfrica, con épica, dramatismo, y un “loco” que la vaya a picar.

Un “loco” más uruguayo que muchos compatriotas defiende al glorioso club de Ariel y La Vía, un hombre capaz de honrar la muerte de su hermano ganando un partido que parecía imposible y, despertar la ilusión de un barrio entero.

Terrence Shelman supo camino a la cancha de Larre Borges que su hermano se encontraba grave a causa del cáncer que padecía hace mucho tiempo, lloró todo el viaje y al comenzar el partido jugó como nunca, hizo jugar a todos sus compañeros pero en ningún momento pudo dejar de pensar en lo que pasaba en su tierra natal. Sin dudas que su corazón necesitaba una alegría y ganar ese encuentro era la clave. Sayago tenía una nueva instancia (el desempate con Olimpia), para quedarse en la Liga Uruguaya de Básquetbol.

El americano que juega en nuestro país y es un uruguayo más, haciendo las compras por su barrio todos los días, se convirtió en héroe e inicio la carrera para volverse un mito.

Al finalizar el encuentro recibió la noticia que tanto temía, el fallecimiento de su hermano, seguramente Shelman juró en ese momento invocar la épica celeste para liderar su equipo y salvarlo del descenso al Torneo Metropolitano.

Podrá pesar la planificación, la personalidad de los cuerpos técnicos, las hinchadas, las rachas y, (ojalá no pase), podrá pesar el arbitraje, pero si hay que arriesgar de qué lado estará la épica, seguramente será del lado del “loco” Shelman.

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