En ciertas ocasiones me plantee la necesidad de aceptar que cuando alguien sale del camino es necesario volver a las raíces. En esos momentos contemple como las personas caminaron hacia su propio “suicidio emocional”. Supe ser miembro de esa cofradía, aunque no muchas veces lo reconocí. Al menos no hasta ahora, en realidad hasta ayer.

 

Gracias a estos cuestionamientos me pregunté si es posible controlar algunas cosas, la lluvia, el viento, el fuego, el deseo. Nunca encontré una respuesta digna; o si no fuera una respuesta, al menos alguien que lo demuestre, es decir, alguien que controle a su entera voluntad alguna de éstas fuerzas naturales. Seria cuasi-delirante, lo sé, pero muy útil para terminar de demostrarle al universo de la ciencia que realmente el Ser Humano es un Dios en vida, pero, ¿quién soy yo para plantear esto? La respuesta a esa pregunta se encuentra en la misma hipótesis, soy un Dios. Sí, tengo las potestades que se le adjudican a uno, digamos que, a partir de este momento le entrego al mundo la felicidad, el beneficio de la sabiduría y la paz eterna, (seguramente a muchos no les interese), es más, muchos necesitan a la guerra para seguir viviendo y aumentando sus bienes, en ese caso, que cada uno sea un Dios se vuelve una mala idea.

 

La sabiduría o la iluminación para muchos sería una tortura. Realice el siguiente ejercicio: Imagine saber qué es lo que está mal en el mundo, saber también, cómo arreglarlo, saber por qué las cosas son así y por qué deben continuar como están.

 

Esta situación puede volverse un generador constante de estrés.

 

¿Quién no miró alguna vez el cielo y pidió un deseo con toda su alma una vez en su vida? Es lo mismo si se le pidió al Padre Sol, la Madre Luna, o al mismo Dios.

Yo lo hice, entre nosotros, puedo afirmar que lo hice más de una vez y esos pedidos casi siempre eran atendidos al instante, la sabiduría Divina es increíble pero pone a prueba nuestras ganas (pídanlo al menos 3 veces, insistir suele interpretarse como una señal de interés real).

 

Quién sabe, uno puede dar las respuestas necesarias para que el mundo mejore, mostrarles su propia habilidad pero, finalmente, no son capaces de dejar de lado su vanidad. De todos modos no es para tanto porque, si no lo desean con ganas, con fuerza, no podrán dejar de sufrir y descubrir su Dios interior. Ya quisiera yo que sientan el poder de todas las respuestas, si lo anhelaran con toda su energía, sería como descargar la información directamente a su cerebro.

 

Tanto tiempo pasó y sigo aquí, viendo que necesitan de una computadora o un celular para hablar, cuando lo único que necesitan es creer en ustedes.

 

Siglos observando que adoran una imagen moribunda, cuasi-putrefacta de mí mismo. ¿Eso les deje? ¿Más de 30 vueltas al Sol de experiencia y recuerdan mis días de sufrimiento? Solo porque los amo tanto es que no puedo odiarlos (por más que ustedes inventaron ese dicho: “del amor al odio, solo hay un paso”).

En fin, púdranse con sus propios dichos, ojalá (wa shā’ llah ‘quiera Dios’)  alguien los salve, porque a mí se me terminaron las ideas y a fin de cuentas, su vida es su responsabilidad.

 

Saludos y disfruten su estadía, será hasta que revienten.

 

 

                                        Jesús de Galilea (lo de Nazaret es mentira de la Iglesia).